En un momento de furia y enojo

 

En un momento de furia y enojo

Mi mano estaba casi totalmente despellejada, mis nudillos sangraban, mi muñeca dolía y mi brazo temblaba, pero al árbol… al árbol no le importó, permanecía inmóvil, sus ramas se movían tranquilamente con el viento, algunas hojas cafés caían, pero nada más. 
    Me subí a mi auto, metí las llaves e intenté encenderlo, el pedazo de chatarra no arrancó, dos horas después una grúa lo recogió, regresé como pude, pero antes fui a la farmacia, me vendé la mano y entré a mi casa.
    Mi esposa comenzó a gritarme, me decía preocupada que cómo íbamos a conseguir el dinero para reparar el auto, luego me preguntó bastante molesta como me había lastimado la mano, le dije que estaba cocinando un caldo para mi madre y la olla se volteó y me quemé.
    Después de contarle la historia se empezó a burlar descaradamente de mí, me decía que cómo era posible que un hombre de mi edad siguiera visitando a su madre y que como era posible que ni hacer un caldo podía hacer bien.
    Después de que mi esposa terminó de gritarme me dirigí al cuarto de mi hija, entré y como era de costumbre también comenzó a gritarme, me decía que estaba harta de llevar siempre la misma ropa vieja y el mismo celular, me decía que estaba cansada de ser pobre y de no tener dinero para comprar cosas con sus amigas en el centro comercial, yo estaba tan molesto, me partía la espalda todos los días por mi esposa e hija y así me agradecían.
    Dos días después mientras caminaba a mi trabajo debido a que no tenía coche un hombrecillo me entregó un volante, este decía:
 
Nueva técnica para curar el enojo
Tecnología de punta
No te arrepentirás
Gratis
 
Y al final venía una dirección, cuando terminé mi turno en el trabajo llamé a mi esposa para avisarle que tenía una junta e iba a llegar tarde, no muy gustosa me dijo que estaba bien.
    Me dirigí hacia la dirección, era una especie de consultorio médico, pero al entrar me di cuenta que más bien parecía el almacén de un científico loco, máquinas y circuitos regados por todas partes, un hombre alto con bata y pelo revuelto se me acercó y se presentó simplemente con el nombre de Doctor, me preguntó a qué venía, le hablé sobre el volante que me habían dado en la calle, en ese momento su rostro se iluminó y se alegró.
    Me explicó en qué consistía esta nueva técnica, se trataba de su nueva invención, un simulador que permitía ver los escenarios en donde el usuario se enoja y poder descargar esos sentimientos, me dio una serie de papeles en donde firmaba que era consiente de todos los posibles efectos adversos, como náusea, pérdida de la memoria y falla en la noción del espacio y tiempo.
    Después de aceptar todo eso, el Doctor me sentó en una gran máquina, presionó un montón de botones y me colocó un casco, este parecía sacado de una película sobre alienígenas y ovnis, después de un fuerte chasquido alcancé a escuchar las palabras "Estaré contigo en todo momento".
    Abrí los ojos y estaba en la oficina de mi jefe, el cual estaba sentado del otro lado del escritorio, comenzó a decirme que notaba que no trabajaba lo suficiente y que no era lo que la empresa buscaba, después me despidió, de fondo escuché la voz del Doctor "Puedes hacer lo que tú quieras", atónito y en un momento de furia y enojo tomé una grapadora que estaba en el escritorio y comencé a clavarle grapas a mi jefe, grapa tras grapa tras grapa, el aullaba de dolor y yo reía como un loco, después tomé una lámpara y lo golpeé con esta, cuando mi jefe comenzó a pedir auxilio me detuve y salí de la oficina, lo siguiente que sentí fue una náusea fuerte, cerré y abrí los ojos, el Doctor me estaba quitando el casco y me dijo que era suficiente por hoy, solo necesitaba una sesión más para completar el tratamiento, la cual agendamos para el siguiente día.  
    Al siguiente día repetí la misma dinámica, salí del trabajo, llamé a mi esposa y fui con el Doctor, me puso el casco, escuché el chasquido, abrí los ojos y estaba en el taller de un mecánico, me dijo que ya había reparado el auto pero resultaba que había muchas fallas en este así que las reparó también, le pregunté cuánto debía de pagar, a lo que este me contestó con una cifra tan exagerada que casi igualaba mi salario de dos meses, escuché la voz del Doctor que me decía "Esto no es la vida real, es una simulación", entonces en un momento de furia y enojo tomé una llave inglesa que estaba sobre el capó de un coche y con esta golpeé al mecánico varias veces hasta que solo unos pocos dientes quedaron en su boca, me reía enfrente de él, busqué mi auto, las llaves estaban en el asiento, lo arranqué y al momento de apretar el acelerador sentí una fuerte náusea, cerré y abrí los ojos y vi al Doctor quitándome el casco, me dijo que en los siguientes días podría experimentar pérdida de memoria, también me dijo que el tratamiento había terminado, en verdad me sentía alegre, hacía años que no experimentaba otra cosa más que el enojo.
    Escuché el chasquido y abrí los ojos, mi mano estaba en la manija de la puerta de mi casa, la abrí y como siempre mi esposa me gritaba, me preguntaba que si la engañaba y por eso salía tarde de trabajar, estaba tan molesta que al acercarme me empujó, en un momento de furia y enojo cerré mi puño y la golpee con mucha fuerza, cayó al suelo y no parecía que se fuese a levantar, segundos después pasó mi hija, al ver a su madre tirada en el suelo salió corriendo y gritando a su cuarto, la perseguí, me quité el cinturón pero cerró la puerta, tuve que tumbarla para poder entrar, le di varios latigazos con el cinturón mientras le decía que era una niña mala, una niña malagradecida, paré cuando varias líneas rojas y ensangrentadas se empezaron a formar en su cara y ropa, estaba listo para sentir las náuseas, estaba listo para ver al Doctor quitarme el casco pero nada de esto pasó, los recuerdos perdidos llegaron a mi mente, había salido de mi última sesión del tratamiento, caminé a casa y cuando iba a entrar fue cuando todo quedó en blanco, lloraba y reía, lloraba y reía.

- Sebastián HC

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Los personajes y eventos que se presentan en este libro son ficticios. Cualquier similitud con personas reales, vivas o muertas, es una coincidencia y no algo intencionado por parte del autor. 

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